martes, 15 de agosto de 2000

La Isla de Margarita que yo quiero

Siguiendo con una serie de artículos en donde confieso mis deseos para con la evolución de la economía de Venezuela, hoy le ha tocado el turno a mi querida Isla de Margarita. 

Antes que nada, debo declarar que soy un fiel creyente de que el único modelo económico relevante para Venezuela es el que reconoce que el país seguirá recibiendo por muchas más décadas considerables ingresos petroleros, lo cual probablemente mantendrá la cotización del Bolívar fuerte, haciendo de nuestra Venezuela un país relativamente caro - y forzando a Margarita a ser lo que merece ser - una Isla con clase y categoría. 

La Isla de Margarita que yo quiero, es una isla que tiene la suficiente confianza en sí misma como para iniciar la búsqueda de un turismo de la más alta categoría, dejando a otros que se encarguen del repele del turismo internacional, que busca precios tan bajos, que no alcanzan ni para ofrecerles una comida decente. 

La Isla de Margarita que yo quiero, tiene suficiente poder de convocatoria para exigir que la misma sea servida adecuadamente por las principales líneas aéreas del mundo - hasta tal punto que incluso, de ser necesario, logre redireccionar todos los vuelos internacionales hacia Porlamar. Lo anterior se logra bien mediante incentivos (jet-fuel sin impuestos y al costo para toda aeronave que aterrice en Porlamar) o a la fuerza (línea que no vuele a Porlamar, tampoco va a Caracas). 

La Isla de Margarita que yo quiero, conoce que el turismo no especializado no rinde frutos y busca ocupar segmentos del mercado, donde logre crear ventajas comparativas o, como en el caso de Playa El Yaque, donde la naturaleza misma ha señalado como target el segmento del windsurfing. 

La Isla de Margarita que yo quiero, tiene suficiente inteligencia como para aprovechar activos tales como el Centro Médico Nueva Esparta (CMNE), que es un lugar ideal para desarrollar una experticia en el cuidado médico de la tercera edad, vía convenios con universidades y grandes empresas especializadas. Una vez alcanzada esta meta, la Isla se adecuaría perfectamente para construir la infraestructura necesaria, que permita acometer planes tan ambiciosos como el de ubicar, durante los seis meses invernales, a decenas de miles de jubilados de los países desarrollados. Esta propuesta no puede considerarse como utópica dentro de las nuevas realidades de geopolítica global. 

La Isla de Margarita que yo quiero, le molesta saber que en un mes como Enero del 2000, 54 cruceros anclaron en la Isla de Saint Martin, permitiendo que alrededor de 95.000 pasajeros y de 39.000 tripulantes bajasen a visitar, conocer, comprar, comer, beber y, en general, ayudar a colocar en el mapa turístico mundial, a una isla menos merecedora que Margarita. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no permite que Venezuela se encuentre asociada a un Caricom, cuando en casi todos los países del Caribe, en sus respectivos mapas turísticos, no aparece ni siquiera mencionada nuestra bella isla. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no se da por satisfecha con un apoyo turístico oficial, que sólo busca capturar el turismo externo, enviando a los funcionarios de turno a las distintas ferias internacionales. 

La Isla de Margarita que yo quiero, acomete planes promocionales creativos, cónsonos con su clase, tales como, por ejemplo, estableciendo estudios de grabación audiovisual con calidad mundial, que atraigan estrellas de nivel mundial y con ellas, la indispensable cobertura de los medios. 

La Isla de Margarita que yo quiero, tiene una dirigencia que no permite que ocurran hechos como la privatización de su sector eléctrico, donde el cheque por US$ 63 millones, que se obtuvo por su venta fue disfrutado (o mejor dicho, despilfarrado) por el gobierno central de Caracas, siendo la única contraprestación recibida por la isla, la de una estructura tarifaria alta, ya que al no contar tampoco con un cable submarino, no puede disfrutar de la económica hidro-electricidad del Guri, de la que en cambio sí va a gozar Brasil. 

La Isla de Margarita que yo quiero, sabe que el futuro de sus hijos depende de un esfuerzo conjunto y por lo tanto establece un código turístico que contempla severos castigos a toda infracción que atente en contra de sus objetivos. 

La Isla de Margarita que yo quiero, ofrece cursos gratis de idiomas extranjeros a todo residente que así lo desee. 

La Isla de Margarita que yo quiero, aplica la actual Ley del Ambiente para obligar a la demolición, a costa del promotor, de toda obra y proyecto inconcluso que afea la Isla. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no permite que en la ruta hacia su aeropuerto, la marca de cigarrillos más favorecida por su población, promueva destinos distintos y foráneos, como Punta de Cana. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no permite la creación de nuevos impuestos. La sola excepción sería de conformarse una nueva variante del turismo aventura - el turismo de la evasión fiscal –que otorgaría certificados de evasión a los turistas europeos que se sienten fiscalmente agobiados, quienes además tendrían el aliciente de comprar gasolina a su precio real, sin los 400% de impuesto a que están acostumbrados. 

La Isla de Margarita que yo quiero, sabe que debe ser la puerta de entrada a todas las demás ofertas de turismo en Venezuela. 

La Isla de Margarita que yo quiero, es capaz de convencer a los venezolanos, de que su desarrollo como Nación, depende del éxito de Margarita. 

La Isla de Margarita que yo quiero, es capaz de convencer a los margariteños, de que su desarrollo como pueblo, depende de su propio esfuerzo.

Publicado en El Universal el 15 de Agosto de 2000









viernes, 28 de enero de 2000

El Crucero Petrolero

En Diciembre de 1999, en Inglaterra, la gasolina premium sin plomo se vendía en Bs. 763 por litro. De acuerdo a su Asociación de Expendedores, de ese precio, al productor, quien sacrifica un recurso no renovable le toca Bs. 118 al distribuidor Bs. 37 para el y al Fisco Inglés por concepto de diversos impuestos Bs. 608 por litro, el 80%.

A sabiendas que el valor de algo es lo que el comprador esta dispuesto a pagar, queda claro que para el caso anterior, el productor del petróleo solo logra extraer una mínima porción de su valor, el 16%. Esto debería obligarlo a tomar ciertas medidas. La primera, la mas obvia, es protestar y pelear contra los impuestos, que de manera discriminatoria y confiscatoria, aplican la mayoría de los países consumidores al petróleo y sus derivados. En el sentido anterior hago lo que puedo por medio de una asociación llamada Petropolitan. 

Hoy deseo referirme a otras posibilidades de extraerle mas valor al petróleo.

En un documental oí mencionar que el consumo de petróleo de un crucero grande, en plena travesía del Atlántico, representaba un costo de US$ 80.000 por hora. No se en que fecha se hizo el documental - pero es indiscutible que el costo del petróleo debe ser de importancia vital, tanto para cruceros como aviones.

Interesado en la materia logre obtener una copia de un reporte que indica con nombre y fecha todos los cruceros que habrán de visitar una isla caribeña en el mes de Enero del 2000. Con la ayuda de una Guía de Cruceros me dedique a estudiar la lista y obtuve los siguientes resultados.

En Enero de este año 54 cruceros llegaran a Saint Martin, algunos de manera repetida. Estos cruceros representan una capacidad básica de 92.846 pasajeros (2 por camarote) y cuentan con un total de 39.345 tripulantes. Al visitar una isla la conocen, compran, beben, se reabastecen y en general ayudan a colocar a la isla en el mapa turístico.

A nivel mundial la industria de cruceros representa mas de 8 millones de paquetes turísticos vendidos al año (5.5 millones en Estados Unidos) y funciona en base a una flota de casi 300 barcos y de los cuales 85 tienen la capacidad de acomodar a mas de 1000 pasajeros.

Me pregunto si no seria posible en base al uso inteligente del petróleo lograr introducir a Venezuela con fuerza en este mercado y así lograr obtener un rendimiento superior al que actualmente logramos vendiendo el petróleo como tal.

Un convenio donde - a todo crucero que toca dos puertos venezolanos - se queda un mínimo de 6 horas en uno y 18 horas en otro, tendrán el derecho de reabastecerse con combustible, a un precio preferencial no mayor al costo marginal de producción, en cantidades de acuerdo al numero de pasajeros.

Por supuesto que con petróleo preferencial no se garantiza el éxito. Sin duda se necesita que el pasajero desee venir a Venezuela pero estoy seguro de que un plan como el indicado, que reciba una buena acogida por parte de las empresas propietarias de los cruceros y que se establezca de manera irrevocable por un periodo de diez años - inmediatamente produce las inversiones y la especialización requerida para que Venezuela de verdad pueda competir.

No creo que nadie en el resto del Caribe objetaría un programa como el presentado ya que lo único que puede resultar de el es un incremento en toda la actividad turística del área y que beneficia a todos.

Las posibilidades de extender el beneficio petrolero al sector de la aviación también existe - y lo cual me deja visualizar planes tales como vuelo de Nueva York a Porlamar - estadía en un hotel una semana - y regreso en un crucero.

Un empleado del sector, al referirse al hecho de que algunos cruceros, durante el invierno, centraban su actividad en Miami en vez de Canadá, se refirió a este hecho como "a shot in the arm for the Miami economy". No deseo exagerar el posible impacto de un programa como el descrito pero creo que puede ser una formula para lograr obtener un mayor valor económico del petróleo y al mismo tiempo combatir su baja capacidad de generar empleos. Si la economía de Miami necesita un "shot in the arm" como no la necesita Venezuela.

Con nuestra ubicación geográfica, petróleo y voluntad Venezuela puede convertirse en la capital sureña de los cruceros del Caribe. Por supuesto que se puede lograr esto sin el petróleo pero, a cuenta de que hemos de renunciar a una ventaja comparativa.




viernes, 29 de octubre de 1999

La vanidad y la economía de la nación

La semana pasada enumeré en esta columna las ventajas de los índices y las clasificaciones como medio para sintetizar la sobreabundancia de información actual. También mencioné que sería bueno tener acceso a un índice que jerarquice el cumplimiento de los tratados comerciales, especialmente los relacionados con la agricultura. La razón de esto es que en mi opinión Venezuela, tanto en este ámbito como en otros, es mucho más dócil que el mundo que lo rodea. Esto no debería ser olvidado por nuestros equipos negociadores internacionales que normalmente están mas interesados ​​en los aplausos del mundo exterior que en los nuestros.

Unos días después recibí un correo electrónico que decía: “Tú y tus índices. Toma este. Adjunto encontrará uno publicado por ABCNews.com que afirma que, sin lugar a dudas, los venezolanos son, con diferencia, las personas más vanidosas del mundo”. El índice revela que el 65% de las mujeres venezolanas y el 47% de los hombres venezolanos dicen que “piensan en cómo se ven todo el tiempo”. En Alemania, por ejemplo, prácticamente nadie lo confiesa.

Por el tono del correo electrónico, supongo que el remitente consideró desfavorable el alto ranking alcanzado por Venezuela en este índice, y también supongo que le gustaría que yo compartiera en algún grado un sentimiento de culpa por haber elevado la cuestión de índices en primer lugar. Bueno, ¡YO NO!

Intuitivamente, me complace ser parte de un país en el que mis compatriotas están preocupados por su apariencia. El estudio, que sitúa a las mujeres rusas y a los mexicanos de ambos sexos en un segundo lugar algo distante, establece el promedio global en 23% para las mujeres y 18% para los hombres. También menciona aquellos lugares donde la gente “nunca piensa en su apariencia”. En India, el 33% de la población nunca se preocupa por la apariencia, seguido de Malasia (25%) y España (22%).

Creo que podemos sacar ciertas conclusiones de este índice que podrían ser de gran importancia, incluso para el desarrollo del país. El hecho de que nuestra sociedad aprecie en su corazón un sentimiento de vanidad superior a los niveles de otros países, ciertamente nos diferencia del resto. Debe analizarse en el contexto de las ventajas comparativas.

La dedicación de alguien como Osmel Sousa a eventos como el concurso de belleza Miss Venezuela ha elevado a nuestro país a la cúspide de la percepción mundial sobre la belleza de la mujer venezolana. Al utilizar la palabra “percepción” no pretendo cuestionar la belleza objetiva de nuestras mujeres (¡Dios no lo quiera, tengo cuatro en casa!). Deseo destacar la importancia de la percepción general per se. Esto, por cierto, hace hermosas incluso a las venezolanas menos guapas.

Con el ranking de vanidad y los resultados del certamen Miss Venezuela podemos armar una matriz input-output que podría arrojar luz sobre interesantes posibilidades económicas en el ámbito del cuidado y mejoramiento de la apariencia. Veamos cómo funcionaría esto. 

Cualquier país culturalmente orientado al cuidado de la apariencia física durante siglos, que ha sabido desarrollar métodos y fórmulas contrastadas en el tiempo y transmitidas en vivo al resto del mundo, tiene en sus manos una herramienta para atraer un turismo que otros países darían un brazo y la mitad del otro por tenerlo.

Venezuela, al ser una nación exportadora de petróleo, tiene cubiertas sus necesidades de divisas en lo que respecta a su balanza de pagos comercial. En la otra cara de la moneda encontramos que nuestros ingresos petroleros mantienen al bolívar sobrevaluado y por lo tanto dificultan cada vez más el desarrollo de actividades que generen empleo y sean lo suficientemente competitivas como para no requerir subsidios ni protección.

Frecuentemente lo he explicado usando el símil de que en Venezuela no hay lugar para una industria textil que produzca ropa barata pero sí hay mucho espacio para actividades que impliquen mayor valor agregado. Cuando estimulamos a las microempresas con ayuda financiera para que compren máquinas de coser, debemos recordar que lo que realmente queremos promover es el desarrollo de famosos diseñadores y no necesariamente de las costureras.

Dentro de esta línea de razonamiento, no cabe duda de que el área del cuidado personal es una que se ajusta a los requisitos básicos. Es un área de servicios que puede generar mucho empleo y que permite un alto valor añadido.

Rápidamente presioné el ícono "responder" en mi computadora y envié el siguiente mensaje:

"Gracias por haberme enviado el Índice de Vanidad. Creo que debe haber ciertos errores en el Índice ya que creo que las cifras de Venezuela son demasiado bajas. En Venezuela yo diría que el 100% de la población se preocupa por su apariencia. 

Y mientras hablamos de apariencias, debes ver los resultados que hemos logrado con un tratamiento supervisado por la escuela de estilistas de Caracas que incluye masajes en las turbulentas aguas del río Caroní y depuración con poderosas y místicas algas del Orinoco, mientras escuchas sensuales ritmos del batir de las alas de las garzas y bebes una bebida reconstituyente de la piel a base de malta. 

Y todo ello bajo la indiscreta luna tropical, ¡por sólo 1.680 dólares al día!"


PD. El precio en dólares tendrá por supuesto ser indexado a la tasa de inflacion en Estados Unidos.






viernes, 25 de junio de 1999

El Fuenti - Una fuente de inspiración

Hemos recibido noticias desde Italia sobre la demolición del famoso hotel Fuenti, que ubicado sobre la bella costa de Amalfi, se había convertido en un símbolo de lo que allá se conoce como el "abusivismo ambiental", o por lo menos esos son los términos indicados por el traductor automático que uso al navegar las paginas italianas del Internet. Estoy seguro que para todos aquellos interesados, o en el derecho administrativo o en el estudio de la sociedad italiana, el caso debe resultar apasionante. Solo para comenzar, el proceso duro casi 30 años. 

Ordenar la demolición de una construcción de 34.000 m2 de concreto armado no es una cosa menor, en ninguna sociedad. El como lograr que dichas medidas se decreten para que efectivamente se pueda defender los derechos ambientales de la sociedad y del individuo y sin que se transforme en un "abusivismo legal" es un reto a la imaginación.

Estoy seguro que la mayoría de los lectores, sin sentir una necesidad de profundizar mas en este caso, tienen, como yo, la absoluta certeza de que cualesquiera sean las normas legales que los promotores del Fuenti hayan violado, que existen y existirán miles de casos que evidencian peores violaciones, pero que nunca habrán de sufrir consecuencias tan radicales.

Pero de igual manera no creo que mis lectores, como tampoco yo, habrán de derramar muchas lagrimas sobre la eventual injusticia que se haya podido cometer para con los dueños de Fuenti. La explicación de lo anterior se sitúa en lo que pudiésemos llamar un alto Indice de Contaminación Visual (ICV) para Fuenti.

Para entender el ICV, imaginémonos un puntaje por la fealdad de la obra construida, 10 puntos para lo mas feo hasta 1 para lo menos feo, y un puntaje para la relevancia o belleza del lugar de construcción, desde 1 punto para un sitio insignificante hasta 10 puntos para los sitios mas bellos y relevantes. Al multiplicar los dos puntajes se obtiene el ICV. Para Fuenti con un 8 por obra fea, multiplicado por un 8 por ubicación bella e importante se obtiene un ICV de 64, aparentemente suficiente para una condena.

¿Suena fácil y justo? No se ilusionen ¡Traten de lograr que dos italianos se pongan de acuerdo en un puntaje de belleza y un puntaje de relevancia!

En Venezuela espero que el caso de Fuenti sirva de fuente de inspiración para comenzar afrontar los serios problemas de contaminación visual que tenemos y entre estos, las tantas obras inconclusas que afean a la Isla de Margarita.

En Playa el Angel, en Playa Guacuco, en Playa Dondesea, se observa todo tipo de construcciones a medio terminar, cuan esqueletos dinosauricos, que insolentemente se creen tener el derecho de afear, a cuenta de haber sufrido un percance, financiero u otro, durante su construcción. De la misma manera en que se le exige a un avión aprovisionarse de suficiente combustible para llegar a su próximo destino, de esa misma manera, se le debería exigir a un proyecto de construcción el tener los recursos que permita completar su ejecución.

Al estudiar un algunas de las leyes que regulan la materia, por ejemplo la Ley Orgánica de Ordenación Urbanística, se encuentra todo numero de articulados que obligan, por una razón u otra, a la paralización de las obras. Sorprendentemente, en dicha ley, no hay ni una sola palabra que se refiera a la obligación de terminar una obra iniciada. Claro esta que al considerar que las leyes son redactadas por los políticos y que estos no se destacan justamente por terminar lo que ofrecen, alguien pudiese objetar el uso del calificativo de sorpresa.

Aun cuando considero peligroso adentrarnos en el camino de la demolición de obras, basados por ejemplo en una contaminación visual, creo muy factible desarrollar una buena normativa para el caso de las obras inconclusas. Por supuesto cualquier ley que en tal sentido se redacte, debe garantizar a los afectados, los plazos (años no décadas) necesarios para desarrollar sus alternativas de acción.

En la misma categoría que las obras inconclusas, habría que analizar aquellas que por no usarse o por simple descuido, se encuentran altamente deterioradas. Conocemos la reciente moda que indicaba como "chic" unos huecos en los blue jeans y de igual manera hay edificaciones que usan materiales descubiertos para, a veces con mucho éxito, darle un carácter rústico a las superficies. No obstante, cuando sobre una vía de alto desarrollo turístico, observamos fachadas que se caen, por lo sucias y malas que están, no necesitamos de una formula matemática para asegurar que algo anda mal y exigir algún remedio.

Día a día, los aspectos relacionados con la defensa del ambiente cobran mas importancia. Para una isla como Margarita y que debe enfrentarse a una competencia cada vez mayor, el evitar la contaminación visual, resulta vital.

PS. Lamentablemente Margarita LagunaMar, también se ha convertido en una de esas contaminaciones visuales.



viernes, 28 de mayo de 1999

Margarita - El Dorado del turismo de los años dorados

En el turismo, como en tantas otras actividades, el identificar correctamente un segmento de mercado y de verdad especializarse en su atención, trae muchas ventajas. Un ejemplo es Playa El Yaque en Margarita.

Con la ayuda de la naturaleza, se identificó un mercado muy especial, el windsurfing. Hoy, a los empresarios del Yaque les resulta más fácil enfrentar las actuales dificultades, que aquéllos dedicados a ese turismo genérico, algo falta de carácter que, con contadas excepciones, caracteriza el resto de la actividad turística de la Isla.

Hay pocas dudas de que todo lo que se relaciona con brindar servicios al grupo de personas mayores, de tercera edad, bien sea vía turismo, cuidado, recreación o cualquier otra modalidad, se vislumbra como una de las grandes industrias del mañana. Tal industria presenta, además, la ventaja de ser una gran generadora de trabajos.

Estoy convencido que uno de los principales retos de la sociedad actual es el asegurar a nuestros jóvenes el acceso a empleos productivos, diseñando las estrategias que permitas desarrollar las ventajas comparativas necesarias. La industria de la tercera edad nos presenta con una de las opciones más interesantes.

¿Qué podría hacer Margarita para, en nombre de Venezuela, explorar y capitalizar tal oportunidad? Creo que mucho. Margarita tiene la Gente, tiene la Isla en sí y tiene, a mi juicio, un lugar ideal, el Centro Médico Nueva Esparta (CMNE) que, como Barco Bandera, pudiera ser el gran promotor del sector.

El CMNE es un hospital con modernas e impresionantes instalaciones, ubicado en una colina en La Asunción, cerca del Castillo de Santa Rosa, que actualmente pertenece a Fogade, al cual, en un futuro bastante cercano, debe dársele una definitoria en cuanto a su destino y propiedad final.

Si a este Hospital de “SANTA ROSA” se le permitiera desarrollar, en por lo menos una parte importante de sus instalaciones, una verdadera especialización en la atención de la tercera edad, con médicos, desarrollo de postgrados, escuelas de enfermería y demás necesidades, creo que la autoridades pudieran tener un instrumento muy poderoso para atraer a la Isla inversiones, tecnología y el know how internacional requerido.

Por ejemplo, en mi caso, al tener muchas conexiones en los países nórdicos, muy bien me pudiera interesar desarrollar un pequeño resort diseñado especialmente con el turismo de tercera edad en mente - baños especiales - pocas escalinatas - áreas floridas cercanas, etc.

Pero, ni loco puedo proseguir con tales planes, sin contar con el apoyo institucional de un ente especializado. No sólo por la real necesidad de servicios que pueda requerir, sino también por su vital importancia en el mercadeo del producto. Turismo de tercera edad no es el turismo aventura y debe inspirar muchísima confianza en la calidad de los servicios.

Por cuanto es importante, que todo un sector pueda apoyar su desarrollo en un ente como el CMNE, no estoy pensando necesariamente en su venta directa a un grupo internacional. Cualquier arreglo que se desarrolle para el futuro del CNME, para que sirva, de acuerdo a las líneas aquí propuestas, probablemente debe contemplar la existencia de una Junta Reguladora, con suficiente autoridad para vigilar e intervenir en materia de tarifas y calidad de servicios.

Nada de lo aquí planteado tiene la intención, ni pretende inferir que las demás clínicas u hospitales de la isla Margarita no están en capacidad de dar igual o mejor servicio que el CNME. Es sólo que creo que, por la particularidad de sus instalaciones, pudiere tener una mayor efectividad en un programa de mercadeo institucional.

De tener aceptación la idea, se debe buscar unir esfuerzos para que, a corto plazo, usando programas crediticios de entes multilaterales, donde entiendo ya existen ciertos cupos aprobados para infraestructura turística, se logre concluir el edificio, originalmente pensado para un SPA, para poder contar así con un mayor número de habitaciones especializadas.

De igual importancia es iniciar los contactos con universidades nacionales e internacionales, que permitan generar un programa de capacitación que garantice, no sólo su alta calificación, sino también, como es lógico, su valor de mercadeo.

La actual Gobernadora, Irene Sáez, presenta, sin discusión, muchas calificaciones para lograr excelentes resultados en la vital función de actuar como Embajadora de la Isla de Margarita en el mundo. Qué lástima sería desperdiciar la oportunidad que existe, por no haberle proveído de los instrumentos necesarios para que, de verdad, pueda competir en un mercado cada día mas difícil.

Cómo me encantaría que en su próximo viaje, IRENE pueda llevarse imágenes, en un vídeo promocional, que indiquen cómo se han reunido esfuerzos para hacer del CNME el mejor centro del mundo para el cuidado de la tercera edad. 

PS. Tengo entendido que hoy el CNME se llama el Hospital Tipo I "Dr. Manuel Antonio Narváez Silva”.

Traducción derivada de un artículo publicado en el Daily Journal






viernes, 14 de mayo de 1999

Poco valor agregado al IVA en Margarita

Si existe algo, que en materia económica ha quedado evidenciado, con absoluta claridad, durante las ultimas décadas, sería la insuperable capacidad del Estado venezolano para malgastar recursos. En tal sentido, me resulta incomprensible cualquier receta para salir del actual desastre económico heredado, que comienza por transferir más recursos del sector privado al sector público. De allí que me considere un férreo enemigo de todo impuesto nuevo y más aún cuando éste, como el IVA, no cumple ni la más mínima función redistributiva. 

No obstante, en el caso de la Isla de Margarita, me rehuso a gastar muchas energías en protestar ante el recién decretado IVA. Mi razón es muy simple: ¿qué es una raya más para un tigre?

Hoy, en Venezuela, no existe otro sector que presente un potencial para generar tantos empleos, que de verdad sean externamente competitivos y productivos, como el turismo. Cuando reflexiono sobre el hecho de que en República Dominicana lograron generar, sólo durante 1998, ingresos turísticos por el orden de 2.500 millones de dólares, me resulta incuestionable al imperiosa necesidad de que unamos a todo el país alrededor de un PLAN NACIONAL DE TURISMO, centrado principalmente en Margarita.

¡Pero, no! Hace poco, en septiembre del año pasado, en lugar de llevarle a Margarita un nuevo cable submarino para que pudiese contar con una energía hidroeléctrica barata y segura, algo esencial para el turismo, la Isla, básicamente desinvirtió en turismo, cuando envío a la tesorería nacional del país casi 60 Millones de dólares obtenidos por la privatización de su sector eléctrico. Consecuencia de ello es el hecho de que en los hoteles de Margarita, el costo de la electricidad con frecuencia supere el costo de la nómina. 

Dentro de un verdadero plan turístico para Margarita, una de nuestras principales prioridades debería ser la búsqueda de una solución al problema del agua de la isla, al menor costo posible. Tal objetivo podría lograrse, bien con una nueva tubería desde tierra firme financiada por entes multinacionales o con el ofrecimiento de gas natural gratuito o muy barato, por un período lo suficientemente largo para permitir instalar desalinizadoras, que no resulten económicamente ruinosas. Hoy en día, lo único que se observa son movimientos tendientes a la instalación de tuberías de gas, para así poder lograr captar en Margarita a un cliente cautivo al cual venderle el gas a precios de mercado internacional.

Si alguien tuviera un verdadero interés en fomentar el turismo en Margarita, no permitiría una sobre-valorización del bolívar, como la actualmente existente, que sólo fomenta el turismo internacional del venezolano.

Si alguien tuviera un verdadero interés en fomentar el turismo en Margarita, desde hace tiempo estaría ofreciendo combustible, a costo marginal, a todo vuelo internacional, que traiga más de 100 turistas, para una estadía superior a una semana, desde una distancia mayor a 1000 Kms. Si tomamos en cuenta que, por ejemplo, en Europa, de cada 100 que paga el consumidor por la gasolina, el que la suministra, como sería el caso de Venezuela, sólo recibe 10, estoy seguro que cada barril "regalado al turismo", le daría un mayor rendimiento económico al país, que su venta directa.

Nos encontramos ante la triste realidad de que, en lugar de estar todo el país invirtiendo recursos en Margarita, como una incuestionable alternativa que le permita generar empleos venezolanos, asesores mediocres, en base a pequeñeces, que sólo conducen a la igualada hacia abajo, en nombre de una antinacional solidaridad nacional, recomendaron aplicar el IVA en Margarita. Incluso hasta quienes supuestamente son representantes del sector privado, aplaudieron la imposición de este impuesto. 

Pero no todo está perdido. En esta maravillosa isla, donde tanto el ingenio como los genes de su población nativa y asimilada, trabajan a tiempo completo para hacerle frente con ánimo a las adversidades, nuevas estrategias promocionales se están diseñando. 

Se conoce de la agobiante presión fiscal a la cual normalmente se encuentra sometido nuestro turista europeo en su casa. Una nueva atracción Margariteña está tomando forma, una moderna variante del turismo aventura: “El Turismo Fiscal”.

Gracias al IVA, por fin hay en Margarita la posibilidad de ofrecerle al europeo la tropical y liberadora experiencia de poder participar en una evasión fiscal. Muy pronto los vendedores en la Isla ofrecerán unos “Recibos de Evasión Fiscal”, que con toda seguridad habrán de competir favorablemente, como souvenir, contra cualquier pescado seco inflado, tradicionalmente ofrecido en el Caribe.

A nivel de gremios Margariteños, tengo entendido que se estudia la posibilidad de rifar, entre cada 5.000 turistas, una citación del SENIAT. Para un alemán de Stuttgart, poder enmarcar y colgar en su pared tan importante documento, seguramente supera con creces el valor equivalente de trofeo, de una cabeza de antílope africano, por generosas que sean las dimensiones de sus cuernos

Por favor, debemos crear un valor agregado en Margarita antes de pensar en cómo gravarlo con impuestos.

Traducido (por Google) del Daily Journal




Turismo Aventura

Nos quejamos constantemente de no poder desarrollar nuestro sector turístico como deberíamos… pero quizás aún haya esperanza. En esta maravillosa isla, donde el ingenio y la determinación de su población, tanto nativa como inmigrante, se ponen a trabajar a pleno rendimiento para afrontar todas las adversidades con garra y entusiasmo, se están diseñando nuevas estrategias de promoción para impulsar el turismo.

Dado que recientemente se introdujo un impuesto sobre las ventas en este paraíso hasta entonces virgen, los comerciantes, en lugar de desesperarse, lo han tomado como una oportunidad para ofrecer a los turistas, tan agobiados por los impuestos en sus países de origen, la posibilidad de participar en la emocionante experiencia de la evasión fiscal. ¡Una variante del turismo de aventura! Con este fin, se están diseñando certificados de evasión fiscal, y existe un gran optimismo de que podrán competir con éxito con los peces secos y lacados que se venden en otras tiendas de recuerdos del Caribe. 

Las autoridades locales, para no quedarse atrás, también están estudiando la posibilidad de sortear una multa de sus inspectores de hacienda entre cada cinco mil turistas. Sin duda, sería el punto culminante del viaje para un turista alemán de Hamburgo poder enmarcar y colgar en su salón una multa de la que se libró tomando un avión una hora antes de tener que comparecer ante el tribunal fiscal. Sin duda, es mucho mejor que pasar un par de horas viendo esos aburridos vídeos que tanto detestan sus amigos.

Lo mismo ocurre con la corrupción y, para demostrar que no tienen nada en contra de los videos en sí, una productora local está organizando todo para que los turistas caigan en las redes de la policía de tránsito, algo subida de peso, que lleva generaciones extorsionando a todos en la isla, y luego tengan que salir del apuro, todo grabado en video. Claramente, un video de alguien sobornando a las autoridades debe ser mucho más impactante que cualquier cabeza de antílope africano colgada en la pared, por grandes que sean sus cuernos. 

Traducción extraída del Daily Journal, Caracas y republicado en mi libro Voice and Noise.