jueves, 3 de enero de 2002

La bomba de oxígeno

Hace poco tuve la ocasión de comentarles sobre la adicción que tiene mi esposa por el jugo de naranja y hoy me referiré a otra, Margarita. Les aseguro que la Isla es para ella como una gigantesca bomba de oxígeno, a la que necesita recurrir cada tanto tiempo, a fin de lograr recuperar el equilibrio de vida que ella tanto necesita y que tanto necesitamos, mis hijas y yo, que ella tenga. Pero, en su adicción, no se encuentra sola, por las calles de Caracas deambulan miles de personas con una sola meta en la cabeza, retirarse a Margarita, lo más pronto posible.

Son quienes buscan escaparse de las tensiones de una metrópolis difícil, pero que, al contrario de un Di Caprio, no buscan algo perdido y lejano para aislarse del mundo, sino que ansían que su Playa los mantenga cerca de los suyos y de Venezuela. 

Son quienes siguen y discuten cualquier noticia relativa al desarrollo de su refugio, hasta con más ansiedad de la que pueden tener respecto de su actual residencia, ya que ésta es sólo temporal, mientras que la de Margarita será la final.

Son a quienes, si bien les interesa la evolución del turismo en Margarita, más importancia le dan al hábitat de la Isla y tiemblan ante propuestas de alcaldes creativos, como la de construir un bulevar de concreto en Playa Guacuco.

Son quienes en cada nuevo proyecto de construcción, ven la posibilidad de otro esqueleto sin terminar, que por décadas afeará la Isla, de allí que exijan que cada proyecto, antes de iniciarse, presente una fianza de fiel cumplimiento.

Son quienes con sus pagos de derechos de frente, condominio y facturas eléctricas, a tarifas de temporadistas, ayudan a mantener la Isla, sin derecho a voto. 

Son quienes saben que no existe otra isla en el mundo que presente esa mezcla ideal de naturaleza y humanidad, capaz de alcanzar el punto de perfección, con la sola presencia del interesado.

Comparto plenamente el sentimiento de mi esposa por Margarita, aún cuando en mi caso particular, entenderán que me resulta más productivo hablar de una adicción por ella y seguirla a donde vaya. Tan es así que, habiendo observado la actitud tanto más favorable y positiva de quienes visitan a Caracas, que la de quienes viven en ella, hace un año decidimos adelantarnos a los acontecimientos y nos “residenciamos” en la Isla... aunque llevamos once meses visitando nuestras hijas en la capital y viviendo en nuestro nuevo “pied-à-terre” caraqueño, que por casualidad es nuestro viejo apartamento.

Para nuestra suerte, el mundo globalizado todavía nos permite una semanita “en casa”, ...en nuestra PLAYA.

PD. A quienes nos visitan en estos días les ruego que aprovechen para ver en Porlamar lo que unos héroes están construyendo para cruceros turísticos, el Puerto de la Mar, un Señor Portal de entrada a Venezuela. Si les cuento que el apoyo unánime que debería tener tal proyecto se diluye por quienes consideran que “instalaciones” como las de Guamache son suficientes para recibimientos dignos, entenderán que en “L´aila”, también sufrimos de mentes de pollo.



martes, 14 de agosto de 2001

Momentos [Mementos] Turísticos

El solo levantar vuelo a Porlamar desata reflexiones. Sobrevolando Cubagua, ¡qué sitio más bueno!.. para montar la madre de todos los Sobreviviendo, colocando 10.000 ultra pro y 10.000 ultra contra chavistas y dejar que, desarmados, negocien un proyecto de islote. 

Aterrizo en el Internacional de Porlamar y especulo sobre el impacto que para Joe W. de Texas, fanático del turismo aventura, tendría una foto donde “Er Arcarde” le entregue, para su uso personal, un chaleco antibalas último modelo marca Cavim. 

En el aeropuerto confirmo que las tiendas tipo “duty free”, que en el mundo entero significan precios altos, quedan como camufladas y no destacan en una zona “free de duty” y me recuerdo haber propuesto gravar a “L’Aisla” con unos altísimos impuestos, para luego fomentar el turismo de evasión fiscal, reivindicando así su venerable tradición contrabandista. Para Hans de Hamburgo, no debe existir cabeza de antílope que pueda competir con un certificado de evasión fiscal emitido por la Cámara de Comercio. 

Y siguiendo la misma vena, imagínense la tímida y obediente Lisa de Birmingham, tomándose una foto “negociando con las autoridades”, con ese gordito de tránsito que siempre me paraba en el cruce de la Rómulo Gallegos con Los Ruices. 

Hans y Helga, los ambientalistas de Ámsterdam, recordarán sus protestas frente a las plantas eléctricas que queman petróleo, por culpa de los genios que prefieren atravesar la Gran Sabana con un tendido eléctrico, para venderle nuestra hidroelectricidad a Brasil, más barata de la que compramos a Colombia. 

Frank de Boston podrá visitar el museo del Miss Venezuela, que deberían construir y Moníque de Cannes, reconstruir su ego en Playa El Agua, notando que aún hay quienes no son indiferentes a sus descubiertos. 

Finalmente y como gran regalo de salida, todos encontrarán en su hotel, encuadernada en cuero, copia de la Gaceta Oficial del 15 de Julio de 1998, que contiene el Instructivo No. 1 para el Servidor Público, que entre otros, en el Artículo 19 obliga al uso del “Usted”, prohibiendo familiaridades, como “mi amor”. 

Hace tiempo leí la etiqueta de un refresco, que orgullosamente proclamaba “Garantizado 100% artificial” y aprendí acerca de la importancia de la actitud mental. Francamente, Margarita es demasiada Isla para seguir la mismita ruta que las demás del Caribe, donde ya, hasta en las franelas de souvenir podemos leer, “Diferente Isla ... misma mierd....”

Publicado en El Universal el 14 de Agosto de 2001



jueves, 10 de mayo de 2001

Políglotas Margariteños

¿TE CUENTO LA HISTORIA? Muchos hemos respondido con un sí a esa pregunta, cuando la formulan esos vivaces y dicharacheros niños, que se ofrecen como guías, en la isla de Margarita. Muy pronto en Puerto de La Mar, el puerto de cruceros de Margarita, se iniciarán cursos para que decenas de jóvenes, cual superguías globalizados, reciban en varios idiomas a miles de turistas.

La meta es que cada uno de ellos, folclóricamente trajeados y supervisados, aprendan a narrar diez asuntos relacionados con Venezuela, en tres minutos por tema, en siete idiomas, incluyendo alguno exótico y todos con un pronunciamiento impecable. El sueño es formar los baquianos que ayuden al país a encontrar un rumbo por la senda del turismo.

¿Puerto de La Mar? ¿Un puerto de cruceros? ¡Pues sí! Permitiéndome parafrasear lo de Margarita en el Caribe, no hay duda de que este puerto es casi el secreto mejor guardado en Margarita. El otro día lo vi y simplemente no lo podía creer. Los que conocen de mi entusiasmo por el turismo y por Margarita, sabrán lo feliz que estoy.

Especialmente feliz ya que, en lugar de ser un proyecto turístico cobarde , de los que se amparan en explotar la naturaleza virgen, es valiente por cuanto al abrir las puertas a nuestro país sobre el bulevar Guevara, en Porlamar, también ayudará a reconstruir áreas deprimidas y deprimentes.

Especialmente feliz porque creo que los promotores, grupos privados y la Alcaldía, con el apoyo de la Gobernación y demás autoridades, están conscientes de que el reto no es sólo el construir con vigas y concreto, el reto es con creatividad y cariño, buscar aquellos equilibrios externos e internos, que un proyecto como éste requiere. En lo externo, el equilibrio turístico se consigue en ese justo punto donde lo desconocido se encuentra con lo conocido, en otras palabras, donde el turista siente que se encuentra en un lugar nuevo, fresco e interesante, que le amplía sus perspectivas, pero no le crea inseguridad. Ello resulta de especial importancia para el turista de cruceros, tan conservador que ni siquiera pernocta, pero que cuando le gusta, se sabe que regresará buscando la experiencia total.

Si el equilibrio externo es difícil de lograr, aún lo es más el interno. Un puerto de cruceros, como entrada al país, debe lograr retener los suficientes atractivos y puntos de venta que justifiquen su propia inversión, pero debe simultáneamente evitar convertirse en una odiosa alcabala, que lo enemistaría tanto con el turista como con la comunidad. ¿Cómo lograrlo? No hay una sola respuesta, pero lo básico es que exista la conciencia del problema y, en este caso, la hay. Una comisión autónoma de puerto, que representa los variados intereses, es una de las opciones.

Pero, volviendo a nuestros baquianos políglotas-diplomáticos en formación. ¿De qué van hablar? Bolívar a caballo, la vida de Luisa Cáceres de Arismendi, Humboldt y la Gran Sabana, Simón Díaz y la tonada, la orimulsión y el ibis scarlata son sólo algunos de los temas, pero aceptan sugerencias.

El Puerto de La Mar pronto abrirá otra puerta de Venezuela al mundo. Pero antes, con orgullo, debemos abrirle a esa iniciativa la puerta de nuestros corazones y darles nuestro apoyo. Para quien tenga acceso a Hugo, por favor ruéguele, que venga para que le cuenten la historia, y para que vea el futuro.



martes, 15 de agosto de 2000

La Isla de Margarita que yo quiero

Siguiendo con una serie de artículos en donde confieso mis deseos para con la evolución de la economía de Venezuela, hoy le ha tocado el turno a mi querida Isla de Margarita. 

Antes que nada, debo declarar que soy un fiel creyente de que el único modelo económico relevante para Venezuela es el que reconoce que el país seguirá recibiendo por muchas más décadas considerables ingresos petroleros, lo cual probablemente mantendrá la cotización del Bolívar fuerte, haciendo de nuestra Venezuela un país relativamente caro - y forzando a Margarita a ser lo que merece ser - una Isla con clase y categoría. 

La Isla de Margarita que yo quiero, es una isla que tiene la suficiente confianza en sí misma como para iniciar la búsqueda de un turismo de la más alta categoría, dejando a otros que se encarguen del repele del turismo internacional, que busca precios tan bajos, que no alcanzan ni para ofrecerles una comida decente. 

La Isla de Margarita que yo quiero, tiene suficiente poder de convocatoria para exigir que la misma sea servida adecuadamente por las principales líneas aéreas del mundo - hasta tal punto que incluso, de ser necesario, logre redireccionar todos los vuelos internacionales hacia Porlamar. Lo anterior se logra bien mediante incentivos (jet-fuel sin impuestos y al costo para toda aeronave que aterrice en Porlamar) o a la fuerza (línea que no vuele a Porlamar, tampoco va a Caracas). 

La Isla de Margarita que yo quiero, conoce que el turismo no especializado no rinde frutos y busca ocupar segmentos del mercado, donde logre crear ventajas comparativas o, como en el caso de Playa El Yaque, donde la naturaleza misma ha señalado como target el segmento del windsurfing. 

La Isla de Margarita que yo quiero, tiene suficiente inteligencia como para aprovechar activos tales como el Centro Médico Nueva Esparta (CMNE), que es un lugar ideal para desarrollar una experticia en el cuidado médico de la tercera edad, vía convenios con universidades y grandes empresas especializadas. Una vez alcanzada esta meta, la Isla se adecuaría perfectamente para construir la infraestructura necesaria, que permita acometer planes tan ambiciosos como el de ubicar, durante los seis meses invernales, a decenas de miles de jubilados de los países desarrollados. Esta propuesta no puede considerarse como utópica dentro de las nuevas realidades de geopolítica global. 

La Isla de Margarita que yo quiero, le molesta saber que en un mes como Enero del 2000, 54 cruceros anclaron en la Isla de Saint Martin, permitiendo que alrededor de 95.000 pasajeros y de 39.000 tripulantes bajasen a visitar, conocer, comprar, comer, beber y, en general, ayudar a colocar en el mapa turístico mundial, a una isla menos merecedora que Margarita. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no permite que Venezuela se encuentre asociada a un Caricom, cuando en casi todos los países del Caribe, en sus respectivos mapas turísticos, no aparece ni siquiera mencionada nuestra bella isla. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no se da por satisfecha con un apoyo turístico oficial, que sólo busca capturar el turismo externo, enviando a los funcionarios de turno a las distintas ferias internacionales. 

La Isla de Margarita que yo quiero, acomete planes promocionales creativos, cónsonos con su clase, tales como, por ejemplo, estableciendo estudios de grabación audiovisual con calidad mundial, que atraigan estrellas de nivel mundial y con ellas, la indispensable cobertura de los medios. 

La Isla de Margarita que yo quiero, tiene una dirigencia que no permite que ocurran hechos como la privatización de su sector eléctrico, donde el cheque por US$ 63 millones, que se obtuvo por su venta fue disfrutado (o mejor dicho, despilfarrado) por el gobierno central de Caracas, siendo la única contraprestación recibida por la isla, la de una estructura tarifaria alta, ya que al no contar tampoco con un cable submarino, no puede disfrutar de la económica hidro-electricidad del Guri, de la que en cambio sí va a gozar Brasil. 

La Isla de Margarita que yo quiero, sabe que el futuro de sus hijos depende de un esfuerzo conjunto y por lo tanto establece un código turístico que contempla severos castigos a toda infracción que atente en contra de sus objetivos. 

La Isla de Margarita que yo quiero, ofrece cursos gratis de idiomas extranjeros a todo residente que así lo desee. 

La Isla de Margarita que yo quiero, aplica la actual Ley del Ambiente para obligar a la demolición, a costa del promotor, de toda obra y proyecto inconcluso que afea la Isla. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no permite que en la ruta hacia su aeropuerto, la marca de cigarrillos más favorecida por su población, promueva destinos distintos y foráneos, como Punta de Cana. 

La Isla de Margarita que yo quiero, no permite la creación de nuevos impuestos. La sola excepción sería de conformarse una nueva variante del turismo aventura - el turismo de la evasión fiscal –que otorgaría certificados de evasión a los turistas europeos que se sienten fiscalmente agobiados, quienes además tendrían el aliciente de comprar gasolina a su precio real, sin los 400% de impuesto a que están acostumbrados. 

La Isla de Margarita que yo quiero, sabe que debe ser la puerta de entrada a todas las demás ofertas de turismo en Venezuela. 

La Isla de Margarita que yo quiero, es capaz de convencer a los venezolanos, de que su desarrollo como Nación, depende del éxito de Margarita. 

La Isla de Margarita que yo quiero, es capaz de convencer a los margariteños, de que su desarrollo como pueblo, depende de su propio esfuerzo.

Publicado en El Universal el 15 de Agosto de 2000









viernes, 28 de enero de 2000

El Crucero Petrolero

En Diciembre de 1999, en Inglaterra, la gasolina premium sin plomo se vendía en Bs. 763 por litro. De acuerdo a su Asociación de Expendedores, de ese precio, al productor, quien sacrifica un recurso no renovable le toca Bs. 118 al distribuidor Bs. 37 para el y al Fisco Inglés por concepto de diversos impuestos Bs. 608 por litro, el 80%.

A sabiendas que el valor de algo es lo que el comprador esta dispuesto a pagar, queda claro que para el caso anterior, el productor del petróleo solo logra extraer una mínima porción de su valor, el 16%. Esto debería obligarlo a tomar ciertas medidas. La primera, la mas obvia, es protestar y pelear contra los impuestos, que de manera discriminatoria y confiscatoria, aplican la mayoría de los países consumidores al petróleo y sus derivados. En el sentido anterior hago lo que puedo por medio de una asociación llamada Petropolitan. 

Hoy deseo referirme a otras posibilidades de extraerle mas valor al petróleo.

En un documental oí mencionar que el consumo de petróleo de un crucero grande, en plena travesía del Atlántico, representaba un costo de US$ 80.000 por hora. No se en que fecha se hizo el documental - pero es indiscutible que el costo del petróleo debe ser de importancia vital, tanto para cruceros como aviones.

Interesado en la materia logre obtener una copia de un reporte que indica con nombre y fecha todos los cruceros que habrán de visitar una isla caribeña en el mes de Enero del 2000. Con la ayuda de una Guía de Cruceros me dedique a estudiar la lista y obtuve los siguientes resultados.

En Enero de este año 54 cruceros llegaran a Saint Martin, algunos de manera repetida. Estos cruceros representan una capacidad básica de 92.846 pasajeros (2 por camarote) y cuentan con un total de 39.345 tripulantes. Al visitar una isla la conocen, compran, beben, se reabastecen y en general ayudan a colocar a la isla en el mapa turístico.

A nivel mundial la industria de cruceros representa mas de 8 millones de paquetes turísticos vendidos al año (5.5 millones en Estados Unidos) y funciona en base a una flota de casi 300 barcos y de los cuales 85 tienen la capacidad de acomodar a mas de 1000 pasajeros.

Me pregunto si no seria posible en base al uso inteligente del petróleo lograr introducir a Venezuela con fuerza en este mercado y así lograr obtener un rendimiento superior al que actualmente logramos vendiendo el petróleo como tal.

Un convenio donde - a todo crucero que toca dos puertos venezolanos - se queda un mínimo de 6 horas en uno y 18 horas en otro, tendrán el derecho de reabastecerse con combustible, a un precio preferencial no mayor al costo marginal de producción, en cantidades de acuerdo al numero de pasajeros.

Por supuesto que con petróleo preferencial no se garantiza el éxito. Sin duda se necesita que el pasajero desee venir a Venezuela pero estoy seguro de que un plan como el indicado, que reciba una buena acogida por parte de las empresas propietarias de los cruceros y que se establezca de manera irrevocable por un periodo de diez años - inmediatamente produce las inversiones y la especialización requerida para que Venezuela de verdad pueda competir.

No creo que nadie en el resto del Caribe objetaría un programa como el presentado ya que lo único que puede resultar de el es un incremento en toda la actividad turística del área y que beneficia a todos.

Las posibilidades de extender el beneficio petrolero al sector de la aviación también existe - y lo cual me deja visualizar planes tales como vuelo de Nueva York a Porlamar - estadía en un hotel una semana - y regreso en un crucero.

Un empleado del sector, al referirse al hecho de que algunos cruceros, durante el invierno, centraban su actividad en Miami en vez de Canadá, se refirió a este hecho como "a shot in the arm for the Miami economy". No deseo exagerar el posible impacto de un programa como el descrito pero creo que puede ser una formula para lograr obtener un mayor valor económico del petróleo y al mismo tiempo combatir su baja capacidad de generar empleos. Si la economía de Miami necesita un "shot in the arm" como no la necesita Venezuela.

Con nuestra ubicación geográfica, petróleo y voluntad Venezuela puede convertirse en la capital sureña de los cruceros del Caribe. Por supuesto que se puede lograr esto sin el petróleo pero, a cuenta de que hemos de renunciar a una ventaja comparativa.




viernes, 29 de octubre de 1999

La vanidad y la economía de la nación

La semana pasada enumeré en esta columna las ventajas de los índices y las clasificaciones como medio para sintetizar la sobreabundancia de información actual. También mencioné que sería bueno tener acceso a un índice que jerarquice el cumplimiento de los tratados comerciales, especialmente los relacionados con la agricultura. La razón de esto es que en mi opinión Venezuela, tanto en este ámbito como en otros, es mucho más dócil que el mundo que lo rodea. Esto no debería ser olvidado por nuestros equipos negociadores internacionales que normalmente están mas interesados ​​en los aplausos del mundo exterior que en los nuestros.

Unos días después recibí un correo electrónico que decía: “Tú y tus índices. Toma este. Adjunto encontrará uno publicado por ABCNews.com que afirma que, sin lugar a dudas, los venezolanos son, con diferencia, las personas más vanidosas del mundo”. El índice revela que el 65% de las mujeres venezolanas y el 47% de los hombres venezolanos dicen que “piensan en cómo se ven todo el tiempo”. En Alemania, por ejemplo, prácticamente nadie lo confiesa.

Por el tono del correo electrónico, supongo que el remitente consideró desfavorable el alto ranking alcanzado por Venezuela en este índice, y también supongo que le gustaría que yo compartiera en algún grado un sentimiento de culpa por haber elevado la cuestión de índices en primer lugar. Bueno, ¡YO NO!

Intuitivamente, me complace ser parte de un país en el que mis compatriotas están preocupados por su apariencia. El estudio, que sitúa a las mujeres rusas y a los mexicanos de ambos sexos en un segundo lugar algo distante, establece el promedio global en 23% para las mujeres y 18% para los hombres. También menciona aquellos lugares donde la gente “nunca piensa en su apariencia”. En India, el 33% de la población nunca se preocupa por la apariencia, seguido de Malasia (25%) y España (22%).

Creo que podemos sacar ciertas conclusiones de este índice que podrían ser de gran importancia, incluso para el desarrollo del país. El hecho de que nuestra sociedad aprecie en su corazón un sentimiento de vanidad superior a los niveles de otros países, ciertamente nos diferencia del resto. Debe analizarse en el contexto de las ventajas comparativas.

La dedicación de alguien como Osmel Sousa a eventos como el concurso de belleza Miss Venezuela ha elevado a nuestro país a la cúspide de la percepción mundial sobre la belleza de la mujer venezolana. Al utilizar la palabra “percepción” no pretendo cuestionar la belleza objetiva de nuestras mujeres (¡Dios no lo quiera, tengo cuatro en casa!). Deseo destacar la importancia de la percepción general per se. Esto, por cierto, hace hermosas incluso a las venezolanas menos guapas.

Con el ranking de vanidad y los resultados del certamen Miss Venezuela podemos armar una matriz input-output que podría arrojar luz sobre interesantes posibilidades económicas en el ámbito del cuidado y mejoramiento de la apariencia. Veamos cómo funcionaría esto. 

Cualquier país culturalmente orientado al cuidado de la apariencia física durante siglos, que ha sabido desarrollar métodos y fórmulas contrastadas en el tiempo y transmitidas en vivo al resto del mundo, tiene en sus manos una herramienta para atraer un turismo que otros países darían un brazo y la mitad del otro por tenerlo.

Venezuela, al ser una nación exportadora de petróleo, tiene cubiertas sus necesidades de divisas en lo que respecta a su balanza de pagos comercial. En la otra cara de la moneda encontramos que nuestros ingresos petroleros mantienen al bolívar sobrevaluado y por lo tanto dificultan cada vez más el desarrollo de actividades que generen empleo y sean lo suficientemente competitivas como para no requerir subsidios ni protección.

Frecuentemente lo he explicado usando el símil de que en Venezuela no hay lugar para una industria textil que produzca ropa barata pero sí hay mucho espacio para actividades que impliquen mayor valor agregado. Cuando estimulamos a las microempresas con ayuda financiera para que compren máquinas de coser, debemos recordar que lo que realmente queremos promover es el desarrollo de famosos diseñadores y no necesariamente de las costureras.

Dentro de esta línea de razonamiento, no cabe duda de que el área del cuidado personal es una que se ajusta a los requisitos básicos. Es un área de servicios que puede generar mucho empleo y que permite un alto valor añadido.

Rápidamente presioné el ícono "responder" en mi computadora y envié el siguiente mensaje:

"Gracias por haberme enviado el Índice de Vanidad. Creo que debe haber ciertos errores en el Índice ya que creo que las cifras de Venezuela son demasiado bajas. En Venezuela yo diría que el 100% de la población se preocupa por su apariencia. 

Y mientras hablamos de apariencias, debes ver los resultados que hemos logrado con un tratamiento supervisado por la escuela de estilistas de Caracas que incluye masajes en las turbulentas aguas del río Caroní y depuración con poderosas y místicas algas del Orinoco, mientras escuchas sensuales ritmos del batir de las alas de las garzas y beber una bebida reconstituyente de la piel a base de malta. 

Y todo ello bajo la indiscreta luna tropical, ¡por sólo 1.680 dólares al día!"


PD. El precio en dólares tendrá por supuesto ser indexado a la tasa de inflacion en Estados Unidos.






viernes, 25 de junio de 1999

El Fuenti - Una fuente de inspiración

Hemos recibido noticias desde Italia sobre la demolición del famoso hotel Fuenti, que ubicado sobre la bella costa de Amalfi, se había convertido en un símbolo de lo que allá se conoce como el "abusivismo ambiental", o por lo menos esos son los términos indicados por el traductor automático que uso al navegar las paginas italianas del Internet. Estoy seguro que para todos aquellos interesados, o en el derecho administrativo o en el estudio de la sociedad italiana, el caso debe resultar apasionante. Solo para comenzar, el proceso duro casi 30 años. 

Ordenar la demolición de una construcción de 34.000 m2 de concreto armado no es una cosa menor, en ninguna sociedad. El como lograr que dichas medidas se decreten para que efectivamente se pueda defender los derechos ambientales de la sociedad y del individuo y sin que se transforme en un "abusivismo legal" es un reto a la imaginación.

Estoy seguro que la mayoría de los lectores, sin sentir una necesidad de profundizar mas en este caso, tienen, como yo, la absoluta certeza de que cualesquiera sean las normas legales que los promotores del Fuenti hayan violado, que existen y existirán miles de casos que evidencian peores violaciones, pero que nunca habrán de sufrir consecuencias tan radicales.

Pero de igual manera no creo que mis lectores, como tampoco yo, habrán de derramar muchas lagrimas sobre la eventual injusticia que se haya podido cometer para con los dueños de Fuenti. La explicación de lo anterior se sitúa en lo que pudiésemos llamar un alto Indice de Contaminación Visual (ICV) para Fuenti.

Para entender el ICV, imaginémonos un puntaje por la fealdad de la obra construida, 10 puntos para lo mas feo hasta 1 para lo menos feo, y un puntaje para la relevancia o belleza del lugar de construcción, desde 1 punto para un sitio insignificante hasta 10 puntos para los sitios mas bellos y relevantes. Al multiplicar los dos puntajes se obtiene el ICV. Para Fuenti con un 8 por obra fea, multiplicado por un 8 por ubicación bella e importante se obtiene un ICV de 64, aparentemente suficiente para una condena.

¿Suena fácil y justo? No se ilusionen ¡Traten de lograr que dos italianos se pongan de acuerdo en un puntaje de belleza y un puntaje de relevancia!

En Venezuela espero que el caso de Fuenti sirva de fuente de inspiración para comenzar afrontar los serios problemas de contaminación visual que tenemos y entre estos, las tantas obras inconclusas que afean a la Isla de Margarita.

En Playa el Angel, en Playa Guacuco, en Playa Dondesea, se observa todo tipo de construcciones a medio terminar, cuan esqueletos dinosauricos, que insolentemente se creen tener el derecho de afear, a cuenta de haber sufrido un percance, financiero u otro, durante su construcción. De la misma manera en que se le exige a un avión aprovisionarse de suficiente combustible para llegar a su próximo destino, de esa misma manera, se le debería exigir a un proyecto de construcción el tener los recursos que permita completar su ejecución.

Al estudiar un algunas de las leyes que regulan la materia, por ejemplo la Ley Orgánica de Ordenación Urbanística, se encuentra todo numero de articulados que obligan, por una razón u otra, a la paralización de las obras. Sorprendentemente, en dicha ley, no hay ni una sola palabra que se refiera a la obligación de terminar una obra iniciada. Claro esta que al considerar que las leyes son redactadas por los políticos y que estos no se destacan justamente por terminar lo que ofrecen, alguien pudiese objetar el uso del calificativo de sorpresa.

Aun cuando considero peligroso adentrarnos en el camino de la demolición de obras, basados por ejemplo en una contaminación visual, creo muy factible desarrollar una buena normativa para el caso de las obras inconclusas. Por supuesto cualquier ley que en tal sentido se redacte, debe garantizar a los afectados, los plazos (años no décadas) necesarios para desarrollar sus alternativas de acción.

En la misma categoría que las obras inconclusas, habría que analizar aquellas que por no usarse o por simple descuido, se encuentran altamente deterioradas. Conocemos la reciente moda que indicaba como "chic" unos huecos en los blue jeans y de igual manera hay edificaciones que usan materiales descubiertos para, a veces con mucho éxito, darle un carácter rústico a las superficies. No obstante, cuando sobre una vía de alto desarrollo turístico, observamos fachadas que se caen, por lo sucias y malas que están, no necesitamos de una formula matemática para asegurar que algo anda mal y exigir algún remedio.

Día a día, los aspectos relacionados con la defensa del ambiente cobran mas importancia. Para una isla como Margarita y que debe enfrentarse a una competencia cada vez mayor, el evitar la contaminación visual, resulta vital.

PS. Lamentablemente Margarita LagunaMar, también se ha convertido en una de esas contaminaciones visuales.